Para acertar con un regalo de ajedrez hay que saber una sola cosa: cómo juega la otra persona. A quien está empezando le sirven un buen tablero y alguien que le enseñe; a quien juega en un club, un reloj, un libro o clases con un maestro; y a quien ya tiene todo, algo que use todas las semanas, como un curso o meses de un abono online.
Abajo están las ideas ordenadas por nivel, con lo que conviene mirar en cada una y lo que conviene evitar. Ninguna exige saber de ajedrez para elegirla.
Primero, averiguá cómo juega
Tres preguntas alcanzan, y se pueden hacer sin arruinar la sorpresa:
- ¿Juega en el celular o en un tablero? Quien juega solo online casi nunca tiene un buen juego de piezas en casa, y quien juega en un tablero casi siempre lo tiene.
- ¿Juega en un club o en torneos? Esa respuesta separa a quien juega por diversión de quien quiere mejorar, y cambia todo lo demás.
- ¿Lee libros o mira videos de ajedrez? Quien lee agradece un libro; quien aprende con videos, un curso.
Si juega online, hay un atajo: su perfil muestra su puntuación y qué aperturas juega más. Con eso ya se puede elegir un curso o un libro de un tema que le interese.
Si está empezando
Quien recién aprende a mover las piezas necesita dos cosas: con qué jugar y alguien que le muestre por dónde seguir.
Un tablero de verdad. Un juego con piezas tipo Staunton —las de los torneos, con el caballo con forma de caballo— y un tablero con casillas proporcionadas a las piezas. Las piezas de diseño, que son lindas en una repisa, cuestan de distinguir en una partida, y un tablero chico con piezas grandes hace que todo se caiga.
Clases con un profesor. Es la forma más rápida de pasar de mover piezas a jugar con un plan, y es el regalo que más rinde en este nivel: un buen profesor corrige en una hora lo que solo se tarda meses en descubrir. Hay profesores que enseñan a todos los niveles y edades en clases online, y en cómo elegir un entrenador de ajedrez está qué mirar antes de decidir.
Un libro para empezar. «Fundamentos del ajedrez», de Capablanca, sigue siendo de las mejores introducciones que se escribieron: corto, claro y sin variantes interminables.
Si la persona es adulta y duda de si «todavía está a tiempo», la respuesta es que sí: nunca es tarde para aprender ajedrez, y un regalo puede ser justo el empujón que estaba esperando. Para el camino completo, cómo aprender ajedrez desde cero ordena los primeros meses.
Si es para un chico
Con los chicos, el regalo tiene que hacer que el ajedrez sea un juego antes que un estudio. Un tablero con piezas grandes y pesadas, que no se caigan con el primer movimiento brusco, y un libro con ilustraciones si todavía está aprendiendo las reglas.
Si ya juega y quiere aprender en serio, lo que más rinde son clases con un profesor que enseñe a chicos: tienen otro ritmo y otra paciencia que las de un adulto, y un buen profesor convierte cada clase en algo que el chico espera durante la semana.
Sobre la edad, que es lo que más se pregunta: no hay una correcta. Importa más que pueda concentrarse un rato y que tenga ganas. En a qué edad conviene que un chico empiece ajedrez está lo que conviene mirar.
Si juega en un club o en torneos
Acá el regalo tiene que ayudarle a jugar mejor, que es lo que esa persona quiere.
Un reloj digital. Si juega en un club y no tiene uno, es el regalo más seguro de todos. Conviene que permita jugar con incremento —segundos que se suman en cada jugada—, porque así se juega hoy en casi todos los torneos.
Clases particulares con un maestro. Para revisar sus partidas, encontrar los errores que se repiten y preparar sus aperturas. Es lo que más diferencia hace en un jugador de club, y por eso vale la pena regalarlo de a varias clases y no de a una: en vale la pena pagar un profesor de ajedrez está por qué.
Un curso del tema que más le cuesta. Si siempre se queja de las aperturas, un curso de la que juega; si juega 1.e4 e5, por ejemplo, la Apertura Italiana a fondo. Si lo que le pesa son los nervios o el cansancio en los torneos, Alto Rendimiento: herramientas para competir mejor trabaja la preparación, las decisiones y el manejo emocional.
Un libro de finales. Los finales no pasan de moda, a diferencia de las aperturas. El «Manual de finales» de Dvoretsky es de los más completos para un jugador de torneo, aunque pide paciencia.
La inscripción a un torneo. Si nunca jugó uno, o hace tiempo que no juega, pagarle la inscripción de un torneo de su ciudad es un regalo que se recuerda.
Si ya tiene tablero, reloj y libros
Es el caso más difícil, y la salida casi nunca es otro objeto: es algo que use.
Meses de abono a una plataforma de cursos. Le da acceso a todo el catálogo para que estudie lo que le interese en ese momento, sin que vos tengas que adivinar el tema. Es el regalo que no ocupa lugar y que se usa todas las semanas, y en algunos planes incluye además clases grupales en vivo.
Un curso sobre su jugador favorito. Quien admira el ajedrez de ataque disfruta El legado de Tal, sobre las ideas de Mijail Tal para sacrificar y crear complicaciones sin perder el control; quien disfruta la historia del juego, un recorrido por los grandes combinativos, de Morphy a nuestros días.
Un clásico que todavía no leyó. «Mi sistema», de Nimzowitsch, o la serie «Mis geniales predecesores», de Kasparov, que repasa a los campeones del mundo partida por partida. Antes de comprarlo, conviene mirar con disimulo su biblioteca.
Una experiencia. Ir juntos a ver un torneo fuerte, anotarlo en una simultánea contra un maestro o regalarle una clase con un gran maestro: lo que se recuerda es la experiencia, no el objeto.
Regalos que conviene evitar
- Tableros de adorno para alguien que juega en serio. Piezas de vidrio, de metal o con formas raras quedan bien en una mesa y mal en una partida.
- Libros de aperturas viejos. Las líneas cambian con los años, y un libro de hace dos décadas puede recomendar variantes que hoy se consideran malas.
- Programas o aplicaciones sin preguntar. Quien juega ya usa una, y suele estar contento con la que eligió.
- Lo que le exige un nivel que no tiene. Un tratado de aperturas para quien recién empieza no lo va a abrir nunca, y le deja la sensación de que el ajedrez es más difícil de lo que es.
Un regalo que no necesita envío
Si vive lejos, si te acordaste tarde o si preferís no arriesgarte con el talle de un tablero, un regalo online resuelve las tres cosas. Se puede regalar un curso, clases con un maestro o meses de abono: elegís el día, le llega por correo con tu mensaje y lo abre cuando quiera. Si preferís dárselo en mano, te dan el código para imprimirlo o mandarlo por WhatsApp.
Tres detalles que suelen preocupar a quien regala:
- No necesita una cuenta previa. Se crea al abrir el regalo.
- Tiene un año para abrirlo, y lo que trae empieza a contar recién ese día: tres meses de abono son tres meses desde que lo abre.
- Las clases las agenda quien las recibe. Vos elegís el profesor, la duración y cuántas son; los horarios los elige la otra persona, cuando le quedan bien.
Cómo acertar sin saber de ajedrez
Si después de todo esto seguís sin estar seguro, hay una regla que casi nunca falla: cuanto menos sepas de cómo juega, más amplio tiene que ser el regalo. Un curso de una apertura concreta es perfecto si la juega y un error si no; un paquete de clases o meses de abono sirven para cualquier nivel, porque la elección del tema queda en manos de quien lo recibe.
Y no te olvides del mensaje. Un regalo de ajedrez con una dedicatoria que diga por qué lo elegiste —«para que por fin le ganes al abuelo», «para tu próximo torneo»— vale más que el regalo solo.