En Navidad, el mejor regalo para alguien que juega al ajedrez es el que va a seguir usando en marzo: un buen tablero o un reloj si le faltan, clases con un maestro si quiere mejorar, y meses de abono a una plataforma de cursos si ya tiene todo. Lo que dura es lo que se usa, y el ajedrez se estudia todo el año.
Abajo están las ideas según cómo juega, qué regalar en el amigo invisible, cómo resolverlo a último momento y cómo hacer para que llegue justo para Nochebuena o para Reyes.
Para quien está empezando
Las fiestas son el momento en que más gente se anima a aprender: hay tiempo, hay familia alrededor y siempre aparece alguien con quien jugar una partida después de comer.
Un tablero de verdad. Piezas tipo Staunton —las de los torneos— y un tablero con casillas proporcionadas a las piezas. Es el regalo que se estrena esa misma noche, y uno bueno dura décadas.
Clases con un profesor. Para quien recién aprende a mover las piezas, es la forma más rápida de pasar a jugar con un plan. Un paquete de clases para enero convierte las ganas de las fiestas en un hábito, que es lo difícil. En cómo aprender ajedrez desde cero está el camino de los primeros meses.
Para un chico, un tablero con piezas grandes y pesadas, un libro con ilustraciones y, si se engancha, clases con un profesor que enseñe a chicos. Sobre la edad, que es lo que más se pregunta, en a qué edad conviene que un chico empiece ajedrez está lo que conviene mirar.
Y no es solo cosa de chicos: muchos adultos aprovechan las vacaciones —el verano o el invierno, según el hemisferio— para aprender lo que siempre postergaron, y un regalo de Navidad es la excusa perfecta para empezar.
Para quien juega en un club o en torneos
Un reloj digital. Si no tiene uno, es el regalo más seguro. Conviene que permita jugar con incremento —segundos que se suman en cada jugada—, porque así se juega hoy en casi todos los torneos.
Clases particulares con un maestro. Para revisar sus partidas del año, encontrar los errores que se repiten y llegar a la temporada siguiente con un plan. Es lo que más diferencia hace en un jugador de club.
Un curso de su apertura. Si con negras juega la Siciliana, por ejemplo, Siciliana Najdorf a fondo recorre los seis sistemas principales con los que las blancas la enfrentan. Antes de elegir, averiguá qué juega: un curso de una apertura que no usa es el único error de verdad en este grupo.
Un libro de finales. Los finales no pasan de moda, a diferencia de las aperturas. El «Manual de finales» de Dvoretsky es de los más completos, aunque pide paciencia.
La inscripción a un torneo de enero. Muchos clubes arrancan el año con torneos abiertos, y la inscripción es un regalo que se usa enseguida.
Para quien ya tiene todo
Es el caso de siempre, y la salida es la de siempre: algo que use, no algo que guarde.
Meses de abono a una plataforma de cursos. Le da el catálogo completo para estudiar lo que quiera, sin que vos tengas que adivinar el tema, y en algunos planes incluye clases grupales en vivo cada semana. Es el regalo que sigue rindiendo cuando el árbol ya se desarmó.
Un curso con un gran jugador. En Creatividad y cálculo con Alexei Shirov, el propio Shirov analiza dos de sus mejores partidas y el célebre final ante Topalov: es ajedrez de élite explicado por quien lo jugó.
Un clásico que todavía no leyó. «Mi sistema», de Nimzowitsch, o la serie «Mis geniales predecesores», de Kasparov. Antes de comprarlo, mirá con disimulo su biblioteca.
Una experiencia. Una simultánea contra un maestro, un torneo fuerte para ir a ver juntos o una clase con un gran maestro. Las experiencias no se repiten en el estante.
Para el amigo invisible
En el amigo invisible no siempre se sabe cómo juega la otra persona, así que la regla es elegir algo que sirva para cualquier nivel:
- Un tablero de viaje magnético, que se lleva en la mochila y sirve para jugar en cualquier lado.
- Un libro de problemas, de esos con una posición por página, que se resuelven de a uno en un rato libre.
- Un curso para todos los niveles, como Aperturas, Táctica y Estrategia, una colección de seis cursos del GM Andrés Rodríguez que pasa por las aperturas, las combinaciones y las estructuras.
Con un presupuesto fijo, mejor un regalo chico y bien elegido que uno grande que no va a usar.
Lo que conviene evitar
- Tableros de adorno para alguien que juega en serio. Las piezas de vidrio o de metal quedan lindas sobre una mesa y no sirven para jugar.
- Libros de aperturas viejos. Las líneas cambian, y un libro de hace veinte años puede recomendar variantes que hoy se consideran malas.
- Aplicaciones o programas sin preguntar. Quien juega ya tiene la suya, y suele estar contento con la que eligió.
- Lo pensado para otro nivel. Un tratado de finales para quien recién aprende queda en el estante, y lo mismo un tablero de plástico para quien juega torneos.
Ante la duda, lo más amplio es lo más seguro: un paquete de clases o meses de abono dejan la elección del tema en manos de quien lo recibe.
Un propósito para el año nuevo
Enero es el mes en que más gente se propone mejorar en ajedrez, y un regalo de Navidad puede ser el empujón para cumplirlo. Lo que funciona no es el regalo solo, sino el regalo con un plan: unas clases con fecha, o meses de abono con una meta concreta, como terminar un curso por mes.
Si querés acompañar el regalo con algo de lectura, cómo mejorar en ajedrez ordena qué estudiar y en qué orden, y cuántas horas estudiar ajedrez ayuda a que el propósito sea realista.
Regalos de último momento
Si llegás al 23 sin regalo, o si la persona vive lejos, un regalo online resuelve todo: no hay envío, no hay stock y no depende de que el correo llegue antes de las fiestas. Se puede regalar un curso, clases con un maestro o meses de abono: elegís el día, le llega por correo con tu mensaje y lo abre cuando quiera.
Y si te adelantás —en Black Friday, por ejemplo—, podés comprarlo antes y programarlo para el 24 o el 25: queda resuelto y llega solo.
Si vive en otro país
Las fiestas son también la época de los regalos a distancia: el hermano que se fue a vivir afuera, la sobrina que estudia lejos, el abuelo que se quedó en el pueblo. Mandar un tablero a otro país en diciembre es caro, lento y casi nunca llega a tiempo.
Un regalo online le llega por correo el día que elijas, esté donde esté, y lo abre desde cualquier país. Los cursos están hablados en español, con subtítulos en inglés y en portugués, así que sirven también para quien ya vive en un país donde se habla otro idioma.
Cómo hacer que llegue justo
Cada familia abre los regalos en un momento distinto, y el regalo se puede acomodar a cualquiera:
- Nochebuena. En el Río de la Plata los regalos se abren a la medianoche del 24. Programalo para el 24, o imprimí el código en una tarjeta y dejalo debajo del árbol.
- Navidad. Para abrir el 25 a la mañana, programalo para el 25.
- Reyes. En España y en buena parte de América Latina, el 6 de enero.
Tres detalles más: no necesita una cuenta previa, porque se crea al abrir el regalo; tiene un año para abrirlo, y lo que trae empieza a contar recién ese día, así que nadie pierde días de abono en plena fiesta; y las clases las agenda quien las recibe, cuando le quedan bien. Vos elegís el profesor, la duración y cuántas son.