
Londres y Jobava: ideas, modelos y ataque
Construye un repertorio dinámico con el Sistema Londres y el Jobava, combinando ideas estratégicas, modelos clásicos y planes de ataque.
ARLTPor GM Andrés Rodríguez y GM Leonardo Tristán
Cómo elegir aperturas según cómo te gusta jugar, cuántas hacen falta de verdad y por qué copiar el repertorio de un gran maestro es un mal negocio.
Es probablemente la pregunta más frecuente del ajedrez, y casi siempre está mal planteada. No hay una apertura mejor: hay aperturas que te llevan a posiciones que sabés jugar y otras que no. Elegir bien es elegir el tipo de partida que querés tener.
En vez de «¿cuál es la mejor apertura?», esta:
¿En qué tipo de posición juego mejor?
Hay cuatro respuestas y cada una lleva a un repertorio distinto:
Posiciones abiertas y tácticas. Te gusta calcular, atacar el rey, que pasen cosas. → 1.e4 con blancas, 1...e5 con negras, gambitos.
Posiciones cerradas y maniobrables. Preferís acomodar piezas, mejorar de a poco, que no haya caos. → 1.d4, sistemas tipo Londres, Catalana; con negras, la Eslava o la Nimzoindia.
Posiciones desequilibradas. Te sentís cómodo peleando con material o estructura asimétrica. → Siciliana con negras, India de Rey.
Poco tiempo para estudiar. Necesitás algo que rinda sin memorizar. → Un sistema: Londres, Colle, o el Ataque Indio de Rey.
No hay respuesta incorrecta. Hay repertorios que no coinciden con el jugador, y esos son los que se abandonan a los dos meses.
Muchas menos de las que parece. Un repertorio completo es:
1.e4.1.d4.Tres cosas. Con eso se cubre el noventa por ciento de las partidas que vas a jugar, y las otras —1.c4, 1.Cf3, rarezas— se manejan con principios generales.
Tener más repertorio no te hace más fuerte: te hace menos familiar con cada posición, que es exactamente lo contrario de lo que buscás.
Es la trampa más común. Se elige la apertura del jugador favorito, y no funciona por tres razones:
Está armada contra otro rival. Un repertorio de élite está preparado para alguien que estudió con motor la misma línea hasta la jugada veinticinco. El tuyo tiene que funcionar contra alguien que se sale del libro en la jugada seis.
Requiere conocimiento que no tenés. Muchas líneas de élite son buenas solo si sabés la continuación exacta. Sin eso, la misma posición es difícil de jugar.
Está de moda, y la moda cambia. Una línea que aparece en todos los torneos este año va a tener una refutación de moda el que viene. Nada de eso te afecta en tu franja, pero sí afecta al material disponible.
Paso 1: jugá diez partidas rápidas con la apertura candidata. No estudies nada primero. El objetivo es ver qué posiciones salen de verdad y si te resultan cómodas.
Paso 2: preguntate si entendiste el plan. No las variantes: el plan. ¿Qué busca esta apertura? ¿Adónde van las piezas? ¿Cuál es la ruptura clave? Si después de diez partidas no lo podés decir en una frase, no es la tuya —o falta que te la expliquen—.
Paso 3: quedate un año. Es el paso que casi nadie hace y el que más rinde. La apertura empieza a devolver cuando reconocés la estructura sin pensarla, y eso tarda meses.
En este orden, y no en otro:
La mayoría hace el 2 y salta directo al 5. Y por eso conoce quince jugadas de memoria y no sabe qué hacer en la dieciséis.
Para el que empieza y quiere aprender ajedrez, no aperturas: 1.e4 con la Italiana; 1...e5 contra 1.e4; Eslava contra 1.d4. Todo natural, todo enseña principios.
Para el que tiene poco tiempo: Londres con blancas; contra 1.e4, la Caro-Kann o la Francesa; contra 1.d4, un sistema con ...d5 y ...e6. Poca teoría, mucha familiaridad.
Para el que quiere pelea: 1.e4 con la Española o el Gambito de Rey si sos valiente; Siciliana contra 1.e4; India de Rey contra 1.d4. Más trabajo, y partidas donde nunca hay tablas por aburrimiento.
Antes de elegir conviene saber qué tipo de partida produce cada cosa, porque eso —y no la reputación de la apertura— es lo que va a decidir si la disfrutás.
1.e4 e5, las abiertas clásicas. Centro abierto, desarrollo rápido, táctica temprana. Es donde más se aprende ajedrez puro, y es lo que casi todo el mundo debería jugar los primeros dos años. Contra: hay mucha teoría si el rival la sabe.
Las sicilianas. Posiciones asimétricas, juego agudo, ataques en flancos opuestos. Producen las partidas más interesantes y también las más difíciles de manejar sin conocimiento.
Las semiabiertas tipo francesa o Caro-Kann. Estructuras cerradas y estables, planes de largo plazo, mucho menos que memorizar. Es la elección que más rinde a alguien que quiere entender en vez de calcular.
1.d4 y las cerradas. Juego de maniobras, la partida se decide en el medio juego, y hay menos posibilidades de morirse en el lance quince. Es el territorio del jugador posicional.
Los sistemas —Londres, Colle, la India de Rey como negras—. Se juegan casi igual contra todo, lo que ahorra muchísimo estudio. Contra: producen posiciones parecidas siempre, y a partir de cierto nivel te limitan porque el rival sabe exactamente qué vas a hacer.
Elegir es elegir una de esas cinco experiencias, y esa decisión importa mucho más que qué variante concreta juegues adentro.
Cambiar es la respuesta que todo el mundo busca cuando pierde, y casi siempre es la equivocada. Tres razones legítimas y tres que no lo son:
Sí conviene cambiar cuando llevás meses llegando a posiciones que no entendés —no que perdés, que no entendés—; cuando la apertura depende de una trampa que ya nadie te concede; y cuando cambiaste de estilo de juego y la apertura quedó atrás.
No conviene cambiar después de una derrota —la apertura casi nunca fue la causa—; porque alguien fuerte dijo que la tuya no sirve; ni porque perdiste tres partidas seguidas con ella, que estadísticamente es completamente normal.
Y una advertencia sobre el costo: cambiar de apertura cuesta unos tres meses de resultados peores. Las primeras veinte partidas con algo nuevo se juegan mal por definición. Ese costo vale la pena una vez cada dos años y no vale la pena cada dos meses.
Se puede probar barato, y casi nadie lo hace:
Jugá diez partidas rápidas con ella, sin estudiar nada. El objetivo no es ganar sino ver si las posiciones te resultan cómodas. Si a la quinta partida seguís sin saber qué hacer en el lance doce, no es tu apertura, por buena que sea.
Mirá cinco partidas de maestro completas. No los primeros diez lances: la partida entera, hasta el final. Lo que buscás es la forma de la partida: dónde se juega, qué pieza termina siendo la buena, cómo se ve el final típico.
Fijate qué te obliga a estudiar. Algunas aperturas tienen una sola línea peligrosa y el resto es sentido común; otras tienen seis. Con una hora semanal disponible, la primera es la elección correcta aunque la segunda sea objetivamente mejor.
Y comprobá que tenés respuesta a lo raro. Un repertorio se rompe no en la línea principal sino en la línea rara que juega alguien de tu club. Si no tenés qué hacer contra los tres o cuatro sistemas laterales más comunes, no está completo.
Diez partidas rápidas y cinco de maestro son dos horas, y ahorran los tres meses de haber elegido mal.
Antes de 1800, la apertura casi nunca es el motivo por el que perdés. Se pierde por colgar piezas, por no saber qué hacer en el medio juego y por no terminar los finales.
Un repertorio sirve para llegar a la jugada quince con una posición que entendés. Eso es todo lo que tiene que hacer, y es bastante. Lo que decide la partida viene después.
¿Cuál es la mejor apertura para un principiante? 1.e4 con blancas y 1...e5 con negras, sin discusión. Producen posiciones abiertas donde la táctica aparece seguido, que es exactamente lo que hay que entrenar los primeros dos años.
¿Puedo jugar la misma apertura toda la vida? Muchos jugadores fuertes lo hacen. Un repertorio estrecho y muy entendido rinde más que uno amplio y superficial, y la única contra aparece a nivel de competencia alta, donde el rival prepara contra vos.
¿Y si mi apertura tiene mala reputación? Casi nunca importa por debajo de 2000. La diferencia objetiva entre una apertura buena y una regular es mucho menor que la diferencia entre conocerla y no conocerla.
¿Cuántas líneas necesito contra 1.e4? Una, bien entendida, más una idea general contra los sistemas laterales. Dos respuestas distintas contra lo mismo es duplicar el trabajo sin ganar nada hasta bastante arriba.
Si querés bajar esto a la práctica con material ordenado:

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