
Defensa Francesa a fondo: Tarrasch, Clásica, Avance y Winawer
Defensa Francesa a fondo: Tarrasch, Clásica, Avance y Winawer
ARMVPor GM Andrés Rodríguez y MI Mario Villanueva
Por qué la memoria rinde tan poco antes de 2000 puntos, qué se estudia realmente de una apertura y cómo prepararse para la jugada en que el rival se sale del libro.
La imagen popular del ajedrecista es la de alguien que memorizó miles de variantes. Es cierta para el ajedrez profesional y es engañosa para todos los demás: antes de 2000 puntos, la memoria de aperturas es una de las inversiones de tiempo que menos rinde.
Mirá tus últimas veinte partidas y contá en qué jugada el rival hizo algo que no está en la teoría principal.
La respuesta casi siempre está entre la jugada cuatro y la ocho.
Eso significa que la teoría de la jugada quince —la que más cuesta memorizar y más rápido se olvida— casi nunca aparece. Y que las horas puestas ahí no defienden ninguna partida.
Se llega a la jugada nueve perfecto, el rival juega algo distinto, y ahí se acabó el guion. El problema no es esa jugada: es que no hay criterio para la décima, porque nunca se aprendió qué buscaba la posición.
El síntoma clásico: partidas donde la apertura salió «bien» y en la jugada dieciséis no se sabe qué hacer. La apertura no salió bien: salió memorizada.
En este orden:
1. La idea. Una frase. «La Italiana busca desarrollo rápido y presión sobre f7.» «El Londres arma una estructura sólida y ataca por el flanco de rey.» Si no la podés decir en una frase, no la entendiste todavía.
2. La estructura de peones que produce. Es lo que determina todo lo demás: dónde están las columnas abiertas, qué casillas quedan débiles, hacia qué lado se juega.
3. Adónde van las piezas. En cada apertura, cada pieza tiene dos o tres casillas naturales. Saberlas resuelve la mayoría de las jugadas sin calcular nada.
4. Cuál es la ruptura clave. Casi toda apertura tiene un avance de peón que libera la posición —c5, d5, e5, f5 según cuál sea—. Reconocer cuándo hacerlo es media apertura.
5. Las primeras seis a ocho jugadas de la línea principal. Sí, algo de memoria. Poca.
6. Qué juega la gente de verdad, que casi nunca es la línea principal. Diez partidas rápidas te lo dicen más rápido que cualquier libro.
Tomá la posición típica de tu apertura después de la jugada diez y respondé sin mirar nada:
Si las cuatro respuestas salen, tenés la apertura. Si no salen, sabés jugadas.
Hay tres casos concretos, y son pocos:
Las trampas y refutaciones cortas. Si tu apertura tiene una línea donde el rival puede perder rápido, o donde vos podés, esas seis jugadas hay que saberlas exactas. Son pocas y se aprenden una vez.
Las líneas forzadas. Algunas variantes son forzadas ocho o diez jugadas: ahí no hay criterio posible, hay que saberlas. También son pocas.
Arriba de 2000. Ahí sí, el rival prepara, y la memoria empieza a pesar.
Es lo más frecuente y casi nadie lo entrena. Cuando el rival juega algo raro en la jugada cinco:
No busques el castigo inmediato. La jugada rara casi nunca pierde por la fuerza. Buscar la refutación es cómo se pierde una posición cómoda.
Preguntá qué debilitó. Toda jugada que no desarrolla debilita algo: una casilla, un peón, el rey, un tiempo. Eso es lo que hay que apuntar a explotar, sin apuro.
Volvé a los principios. Desarrollo, centro, enroque. Contra una jugada rara, jugar bien alcanza.
Y contá tempos. Si el rival gastó dos jugadas en algo que no desarrolla, tenés dos jugadas de ventaja. Usalas en desarrollo, no en un ataque prematuro.
Un repertorio bien armado se recuerda casi solo, y el truco no está en la memoria sino en la elección: aperturas que se parezcan entre sí. Si con blancas jugás sistemas donde el alfil sale a g2 y con negras también, no estás memorizando dos cosas: estás aprendiendo una idea y usándola dos veces.
Tres criterios para elegir, en este orden:
Que las estructuras se repitan. Es lo que hace que la experiencia de una partida sirva para la siguiente. Cien partidas con la misma estructura enseñan más que trescientas con estructuras distintas.
Que no dependan de que el rival colabore. Una apertura que gana rápido cuando el otro se equivoca y no tiene plan cuando el otro juega bien es una trampa, no un repertorio.
Que te gusten. Suena blando y no lo es: vas a jugar esas posiciones cientos de veces, y una posición que te aburre se juega mal porque se piensa poco.
Con eso, un repertorio completo son cuatro o cinco líneas —una contra 1.e4, una contra 1.d4, un sistema con blancas y dos respuestas a lo raro— y ninguna necesita más de diez jugadas escritas.
La pregunta tiene una respuesta bastante concreta y bastante más corta de lo que la gente teme:
Hasta 1400: cero líneas memorizadas. Los tres principios —centro, desarrollo, enroque— cubren todo, y las partidas se deciden mucho antes de que la teoría importe.
De 1400 a 1800: entre seis y ocho jugadas por línea, y saber la idea de cada una: dónde va cada pieza, qué estructura busca, dónde está el juego. Ocho jugadas es lo que hace falta para llegar a una posición conocida.
De 1800 a 2100: diez o doce jugadas en las líneas principales, y algo más de detalle en las variantes agudas que elegiste. Acá empieza a importar el orden de jugadas.
Por encima de eso: ahí sí hay trabajo de memoria de verdad, y ahí sí conviene una base de datos.
Puesto en tiempo: para casi todo el mundo que lee esto, el repertorio completo son cuatro o cinco horas de trabajo, no cuatro meses. Lo que lleva tiempo no es aprenderlo, es jugarlo hasta entenderlo.
Este es el método que reemplaza a memorizar, y es media hora por semana:
Anotá el lance donde saliste de lo conocido. No el lance donde te equivocaste: el lance donde ya no supiste qué venía. Casi siempre es mucho antes de lo que pensás.
Mirá qué se juega ahí. Una base de datos gratuita alcanza. No busques «la mejor jugada»: buscá qué jugada es la que más se juega y por qué encaja con el plan de la apertura.
Escribilo en tu propio archivo. Un documento por apertura, con las líneas que te fueron apareciendo a vos y no las que un libro considera importantes. Un repertorio construido así tiene exactamente las líneas que tus rivales juegan.
Repasalo cada tanto, cinco minutos. No estudiándolo: leyéndolo. Alcanza.
Después de tres meses de esto, el repertorio está armado y es tuyo, en el sentido literal de que lo escribiste vos a partir de tus propias partidas. Eso se recuerda de una manera que un archivo bajado de internet no se recuerda nunca.
Estudiar aperturas es útil. Memorizarlas, casi nunca. La diferencia es que lo primero te da criterio para todas las posiciones que salgan y lo segundo te da un guion que se termina en la jugada nueve.
Y lo más importante: una apertura que entendés te enseña ajedrez. Una que memorizaste solo te enseña esa apertura, hasta que la olvidás.
¿Qué hago si el rival juega algo que no conozco en el lance tres? Los tres principios: ocupá o disputá el centro, sacá una pieza menor, y enrocá. Con eso salís bien de prácticamente cualquier cosa rara, y las cosas raras casi siempre son peores objetivamente que lo normal.
¿Es mejor jugar siempre la misma apertura? Sí, hasta bastante arriba. La repetición es lo que convierte una apertura en conocimiento, y jugar cinco cosas distintas garantiza no entender ninguna. La variedad se agrega cuando la primera ya está entendida.
¿Sirven las trampas de apertura? Ganan partidas contra quien no las conoce y no enseñan nada. El problema no es que sean deshonestas —no lo son— sino que cuando el rival responde bien te dejan en una posición peor que la normal, y no tenés plan.
¿Cuándo empiezo a usar una base de datos? Cuando puedas nombrar el lance exacto donde se te acaba el conocimiento. Antes de eso, la base de datos te da mil líneas para un problema que todavía no tenés.
¿Cuántas jugadas de teoría sabe un jugador de 1600? Muchas menos de las que se cree: seis u ocho por línea, y sobre todo la idea. Lo que separa a un 1600 de un 1300 casi nunca es teoría de apertura, sino qué hace con la posición que la apertura le dejó.
¿Puedo aprender una apertura solo mirando partidas? Sí, y es de las mejores formas. Diez partidas de maestro con la misma apertura dan la idea entera —dónde van las piezas, dónde está el juego, cómo es el final típico— que es exactamente lo que un archivo de variantes no da.
¿Qué hago si me sacan del libro en el lance cinco? Volver a los principios y respirar: centro, desarrollo, enroque. Salir del libro temprano casi siempre significa que el rival jugó algo objetivamente peor, así que la posición es buena aunque no sea conocida.
¿Sirve preparar contra un rival concreto? A nivel de club, casi nunca, y consume tiempo que rinde más en otra parte. Empieza a valer cuando conocés a tus rivales de memoria, que es en torneos cerrados y en ligas por equipos.
Si querés bajar esto a la práctica con material ordenado:

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